Monereo (2009) “dime como evalúas y te diré cómo aprenden tus alumnos/as”. En la actualidad la evaluación, no sin motivo, se ha convertido en uno de los ejes en los que pivota la reflexión educativa (Santos Guerra, 2014). Docentes, familias, administraciones, la sociedad en general se están haciendo conscientes de las repercusiones de la evaluación en nuestro alumnado. De igual forma, que se ha ampliado la concepción de evaluación desde un enfoque reduccionista basado en los resultados finales a un enfoque centrado que defiende la evaluación continua como una parte propia de las actividades. Es decir, la evaluación como un componente básico en todo este proceso que se ha de planificar y gestionar adecuadamente para comprobar los aprendizajes adquiridos por el alumnado, conocer el proceso de enseñanza-aprendizaje y acreditar al alumnado en función de los logros. También se ha comenzado hacer hincapié en la evaluación de la práctica docente, de los materiales, de los espacios, en definitiva, de todos los elementos didácticos, materiales y personales que intervienen en el proceso educativo. Por ello, hay que responder a las siguientes preguntas: ¿para qué evaluar? ¿qué evaluar? ¿cuándo evaluar? ¿cómo evaluar?
Ante la pregunta para qué evaluar, la respuesta sería conocer el proceso de aprendizaje que va logrando el alumnado y valorar los resultados. Lo primero sería la realización de una evaluación inicial para conocer el nivel de competencia curricular, podemos utilizar como instrumento la escala TIBEX (Técnicas Instrumentales Básicas de Extremadura) que es un completísimo documento que sirve de referencia, consulta, ayuda y apoyo al profesorado para conocer el nivel en las áreas instrumentales y a la toma de decisiones para intervenir (Ramos Sánchez y González Contreras, 2017).
Con la evaluación inicial conseguiremos también identificar el estilo de aprendizaje del alumnado y planificar estrategias de enseñanza diversificada. Tradicionalmente se han utilizado los exámenes o pruebas objetivas como fuente fiable para la evaluación del alumnado; lo que a menudo puede provocar la presencia de sesgos o limitaciones.
El uso de los resultados de la evaluación sería para beneficiar al alumno y para mejorar la práctica docente, no bajo el prisma reduccionista que se limita a una nota numérica que etiqueta al alumnado y predice su futuro académico. Igualmente es importante delimitar correctamente los criterios de evaluación que surgen de los objetivos propuestos. La nueva concepción de la evaluación, de carácter formativo y continuo, basada en los logros conseguidos. Todo ello implica al profesorado un esfuerzo por ofrecer diversas tareas, flexibilizar espacios y tiempos y un cambio en la evaluación que ofrezca al alumno diferentes formas de expresar lo aprendido. Atender a la diversidad del alumnado supone flexibilizar y reformular las prácticas evaluadoras, es necesario ponerla en práctica con la incorporación de nuevos instrumentos de evaluación como pueden ser:
-Portafolios: idea original de Renzulli y Reis (2008), tiene como objetivo ofrecer una descripción lo más integral posible de las fortalezas de cada uno de los alumnos en cuanto a aptitudes, intereses y estilos de aprendizaje. El portfolio, bien en soporte papel o digital, es una herramienta a modo de carpeta que recoge evidencias entendidas como el reflejo genuino del proceso de aprendizaje, permitiendo la metacognición y reflexión personal. El portfolio es el resultado de un conjunto de actividades elaboradas por el alumno, bien de forma individual o grupal, que muestra su progreso y su esfuerzo. El alumno, de forma autónoma y como responsable activo es el encargado de su elaboración donde va incorporando los materiales, reflexiones, experiencias de clase, etc. Esta muestra evidencias de todo aquello que el alumno va desarrollando bajo la guía y supervisión docente. Facilita una evaluación longitudinal y transversal y permite la autoevaluación y coevaluación desde edades infantiles.
-Exposiciones orales: exposición del contenido para valorar la expresión y la oralidad en cualquiera de las etapas, adecuándose al contenido y nivel.
-Cuestionarios: incluye preguntas cerradas o abiertas que el alumno debe responder sobre un tema concreto.
-Entrevistas: a través de preguntas que el alumno debe contestar de forma oral.
-Observación: se utiliza para registrar determinados aspectos observables de la conducta, algunos de los instrumentos más utilizados son las listas de control, registros anecdóticos, rúbricas, etc.
-Mapa conceptual y/o esquema: permite plasmar la comprensión y asimilación de los conocimientos y comprobar las relaciones y conexiones entre el contenido. Constituye una herramienta útil y práctica, que a su sirve como reforzador de contenidos y como potenciador del uso de técnicas de trabajo intelectual.
-Método TARGET: (Modelo DIANA) correspondiéndose cada inicial con cada una de las estrategias: Tarea, deben ser multitareas (reto y diversidad); Autoridad, el profesor colaborador y activo; Reconocimiento, uso de elogios al progreso individual; Grupos, trabajar en grupos dando pautas de cooperación; Evaluación, orientada al aprendizaje; Tiempo, ajustado a las capacidades personales (cada uno puede tomarse el que considere) y se agrega la agrega la categoría de expectativas del docente.
-Diarios de clase: se cumplimentan cuando terminan la clase y hacen referencia a aspectos académicos y metacognitivos. Su planteamiento se realiza para conocer de forma reflexiva las situaciones de aprendizaje o realizaciones de una tarea (Lobato, 2006).
-Tareas competenciales: Mencionar especialmente la Orden ECD/65/2015, de 21 de enero que establece la relación de las competencias claves con los contenidos y criterios de evaluación en las etapas de Primaria y Secundaria, describe las orientaciones de la Unión Europea hacía la adquisición de competencias claves para que el alumnado alcance el pleno desarrollo. La evaluación por tareas competenciales supone un reto para el profesorado que se materializa en el nivel de desempeño en la realización de determinadas tareas que el alumno realiza en una situación o contexto determinado. Su uso permite evaluar las distintas situaciones de enseñanza-aprendizaje. Supone diseñar instrumentos en los que el alumno demuestre que puede realizar las tareas con éxito. Serían el conjunto de actividades orientadas a la resolución de una situación o problema y en la que interviene más de un área de conocimiento y se plasma en un producto final. Permite la atención a la diversidad y un adecuado grado de dificultad en cada etapa educativa. Este instrumento se fundamenta en una educación para la vida práctica. Algunos ejemplos sería concursos, gymkanas, olimpiadas, role play, simulacros, proyectos, vídeos, etc.
-Análisis de casos: se aportan datos sobre un caso que se ha de analizar y se plantea la secuencia de objetivos y actuaciones a realizar.
Estos instrumentos permiten la autoevaluación, la coevaluación y la heteroevaluación, lo que va a permitir más información. Al igual que para el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo realizar adecuaciones en los procedimientos como puede ser pruebas orales, más tiempo, preguntas más concretas, etc., siempre respondiendo a las características del alumnado y facilitando su comprensión para la elaboración de dicha prueba. Toda intervención educativa debe estar enmarcada dentro de los diferentes currículos de etapas establecidos y así como las órdenes de evaluación correspondientes.
Además, estos instrumentos se pueden realizar con recursos tecnológicos para que la evaluación tenga una se perciba más lúdica y motivadora. También se pueden utilizar algunas aplicaciones o web para evaluar como: Kahoot, Mentimeter, Socrative, Rubistar, Quizlet, cuestionarios de google docs, etc.
¿Y tú? ¿Cómo evalúas?

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